Sin embargo, el actual recrudecimiento del conflicto volvió a deteriorar la situación. Este miércoles, la portavoz del Gobierno iraní, Fatemeh Mohajerani, informó que al menos 30 civiles fallecieron durante los últimos días como consecuencia de ataques estadounidenses en el sur del país.
A su vez, el Ejército iraní confirmó la muerte de siete militares tras un bombardeo realizado durante la madrugada contra una base militar ubicada en Bampur, en la provincia de Sistán y Baluchistán.
De acuerdo con el comunicado oficial de las Fuerzas Armadas iraníes, Estados Unidos disparó 13 misiles contra distintas instalaciones de la base, incluyendo los dormitorios, áreas de alojamiento, la residencia destinada a visitantes y puestos de vigilancia. El ataque también dejó varios heridos.
Las autoridades militares iraníes sostuvieron que la ofensiva tuvo como objetivo “causar el mayor número posible de bajas” y advirtieron que la respuesta será contundente. En ese sentido, afirmaron que la “venganza” por este ataque es “segura e inminente”.
La nueva escalada aumenta la preocupación internacional por el riesgo de una expansión del conflicto en Medio Oriente, especialmente por las posibles consecuencias sobre la seguridad regional y el comercio energético mundial, en un contexto en el que el estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los puntos estratégicos más sensibles del planeta.