Adoptar implica construir un vínculo familiar y asumir un compromiso que no está determinado por la edad de un niño o adolescente. Sin embargo, alrededor de la adopción todavía persisten prejuicios que hacen que quienes son más grandes encuentren mayores dificultades para ser incorporados a una familia.
Uno de los principales preconceptos aparece en la preferencia por bebés o niños pequeños. En muchos casos, las personas que se postulan para adoptar imaginan que comenzar el vínculo durante los primeros años de vida facilitará la integración familiar o permitirá acompañar más etapas del crecimiento.
Esa mirada deja en una situación diferente a los niños más grandes y a los adolescentes, quienes también tienen derecho a crecer en un ámbito familiar que les brinde cuidado, estabilidad y acompañamiento.
La edad suele estar asociada, además, con otras ideas instaladas. Entre los temores aparecen las dificultades para establecer un vínculo, la posibilidad de que existan experiencias previas que condicionen la convivencia o la creencia de que, cuanto mayor es el niño, más difícil resulta construir una relación familiar.
Sin embargo, estas representaciones no deberían definir las posibilidades de cada niño o adolescente. Cada historia es particular y los procesos de adopción requieren evaluar las necesidades concretas de quienes esperan una familia y las posibilidades de quienes se postulan para asumir ese compromiso.
También es importante evitar una mirada que presente a los niños mayores y adolescentes como personas "difíciles" de adoptar. Las experiencias previas de vulneración de derechos requieren acompañamiento y cuidado, pero no constituyen una característica que determine de antemano la posibilidad de construir nuevos vínculos.
En este sentido, hablar de adopción supone poner en el centro el derecho de niños y adolescentes a crecer en familia y no solamente el deseo de los adultos de convertirse en padres.
El desafío consiste en revisar aquellos prejuicios que pueden condicionar las decisiones de quienes se postulan y comprender que la construcción de una familia adoptiva no responde a un único modelo ni comienza necesariamente durante la primera infancia.
Para los niños y adolescentes que esperan una familia, encontrar adultos dispuestos a acompañar sus historias, respetar sus tiempos y construir vínculos seguros puede significar la posibilidad de desarrollar un proyecto de vida en un entorno estable y afectivo.
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