Halzen, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, fue reconocido por impulsar una forma diferente de estudiar el universo: utilizar el hielo profundo de la Antártida para detectar unas partículas subatómicas extremadamente difíciles de observar, conocidas como neutrinos.
El proyecto IceCube está instalado en el Polo Sur y ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo. Miles de sensores ubicados a gran profundidad registran los pequeños destellos de luz que se producen cuando, en casos excepcionales, un neutrino interactúa con la materia.
Los neutrinos son partículas eléctricamente neutras que interactúan muy poco con la materia. Por esa razón pueden atravesar enormes distancias prácticamente sin desviarse ni ser absorbidos. Esa característica permite utilizarlos como mensajeros para investigar fenómenos extremadamente energéticos y distantes del universo.
El gran avance llegó cuando IceCube logró detectar neutrinos de alta energía procedentes de fuera del Sistema Solar. El hallazgo permitió abrir una nueva ventana para estudiar el cosmos, complementaria a las observaciones realizadas mediante la luz y otras formas de radiación.
La construcción del observatorio demandó varios años y una compleja infraestructura científica en uno de los ambientes más extremos del planeta. El hielo antártico, que podía parecer un obstáculo, terminó convirtiéndose en parte fundamental del instrumento de observación.
La Real Academia Sueca de Ciencias destacó la visión científica de Halzen y su liderazgo en el desarrollo de un instrumento que permitió avanzar hacia una nueva forma de astronomía basada en neutrinos.
El premio incluye una dotación de 12 millones de coronas suecas, equivalente a unos 1,2 millones de dólares. La ceremonia oficial de entrega se realizará el 10 de diciembre en Estocolmo.
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