La administración republicana apunta principalmente al conglomerado estatal GAESA, controlado por militares cubanos y con fuerte presencia en áreas clave de la economía como turismo, comercio exterior, bancos y servicios. Según trascendió, Washington busca limitar operaciones financieras y comerciales que puedan beneficiar directamente al aparato militar del régimen.
La ofensiva forma parte de una nueva etapa de endurecimiento de la política exterior estadounidense hacia Cuba, luego de que Trump retomara varias restricciones que habían sido flexibilizadas durante la gestión de Joe Biden. Entre las medidas analizadas aparecen nuevas limitaciones a empresas vinculadas al turismo y controles sobre inversiones extranjeras relacionadas con estructuras militares cubanas.
Desde Washington sostienen que el objetivo es evitar que recursos económicos provenientes del exterior fortalezcan al aparato represivo cubano, mientras que el gobierno de la isla calificó la iniciativa como una “agresión económica” y denunció un intento de profundizar el bloqueo.
La tensión entre ambos países vuelve a escalar en un contexto regional sensible, marcado además por la crisis económica y energética que atraviesa Cuba y el creciente malestar social registrado en distintos sectores de la población.

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