La misión Artemis II transita su etapa final con el regreso de la nave Orion a la Tierra, en una maniobra considerada la más exigente de todo el viaje.
Tras sobrevolar la Luna, los cuatro astronautas a bordo se preparan para el reingreso a la atmósfera terrestre, previsto para este viernes 10 de abril a las 20:53 (hora argentina). El amerizaje en el océano Pacífico, frente a San Diego, está programado apenas 14 minutos después.
El proceso implica condiciones extremas: la cápsula ingresará a más de 40.000 kilómetros por hora y enfrentará temperaturas cercanas a los 2.700 grados debido a la fricción con la atmósfera. Durante esos minutos, además, se generará plasma alrededor de la nave, lo que provocará una interrupción temporal de las comunicaciones.
Uno de los aspectos más delicados es el ángulo de entrada, que debe mantenerse dentro de un margen muy estrecho. Si la trayectoria es demasiado baja, la nave podría rebotar en la atmósfera; si es demasiado pronunciada, aumentan los riesgos térmicos y mecánicos sobre la estructura y la tripulación.
La secuencia de descenso incluye la separación del módulo de servicio, la correcta orientación de la cápsula, el frenado atmosférico y el despliegue progresivo de paracaídas que reducirán la velocidad hasta unos 27 km/h antes del impacto con el agua.
Entre los riesgos principales se encuentran el comportamiento del escudo térmico, la pérdida de comunicación, posibles fallas en los paracaídas y las condiciones del amerizaje. Incluso después de tocar el agua, el operativo continúa con tareas de recuperación que incluyen la intervención de buzos, helicópteros y personal especializado.
Si la maniobra se completa sin inconvenientes, la misión marcará un paso clave para el programa espacial estadounidense, validando la capacidad de enviar astronautas a la órbita lunar y traerlos de regreso de forma segura, un requisito fundamental para futuras misiones con destino a la superficie de la Luna.