China se convirtió en el primer país en aprobar el uso comercial de un implante cerebral destinado a tratar discapacidades físicas, marcando un avance significativo en el campo de la neurotecnología.
El dispositivo, denominado Neo y desarrollado por Neuracle Medical Technology, permite que personas con parálisis controlen una mano robótica a través del pensamiento.
La autorización fue otorgada por la Administración Nacional de Productos Médicos de China, tras 18 meses de ensayos clínicos en los que participaron 32 pacientes, sin registrar efectos adversos graves.
Cómo funciona el implante
El chip, de tamaño similar a una moneda, se implanta en el cráneo y utiliza electrodos ubicados en la zona del cerebro que controla el movimiento. Cuando el usuario imagina una acción, el dispositivo traduce esa señal en órdenes que una computadora interpreta para activar un guante robótico.
De este modo, los pacientes pueden realizar tareas básicas como sujetar objetos o manipular utensilios, recuperando parte de su autonomía.
Este tipo de tecnología forma parte de las llamadas interfaces cerebro-computadora, un campo en el que también trabajan empresas como Neuralink, aunque en muchos casos aún en fases experimentales.
Una estrategia para liderar el sector
El avance no es aislado. Responde a un plan estratégico del gobierno chino que busca posicionar al país como líder mundial en esta industria en los próximos cinco años.
El proyecto incluye el desarrollo tanto de implantes invasivos como de dispositivos no invasivos —como cascos o gafas inteligentes— y su aplicación en ámbitos como la medicina, la industria pesada y entornos de alto riesgo.
El futuro de la neurotecnología
Actualmente, estos implantes tienen como principal objetivo mejorar la calidad de vida de personas con discapacidades motoras. Sin embargo, los avances en este campo también abren la puerta a nuevas posibilidades, como controlar computadoras con el pensamiento, facilitar la comunicación sin movimiento físico e incluso avanzar en la restauración de funciones sensoriales.
Con este paso, China no solo acelera el desarrollo de la tecnología, sino que también intensifica la competencia global en un sector que promete transformar la relación entre el cerebro humano y las máquinas.