El consumo masivo en Argentina profundizó su deterioro en el inicio de 2026, con una caída del 6,3% mensual en febrero que encendió señales de alerta en el sector comercial. El retroceso se sintió en todos los canales de venta, con especial impacto en supermercados y autoservicios.
De acuerdo a datos de la consultora Scentia, las ventas también registraron una baja interanual del 3,4% en febrero y del 2,1% en el primer bimestre del año, lo que marca un freno en el leve repunte que se había observado durante 2025.
Los supermercados fueron uno de los rubros más golpeados: el consumo cayó 5,9% respecto al mismo mes del año pasado y 6,3% en comparación con enero. A su vez, otros canales también mostraron números en rojo: farmacias (-9,1% mensual), autoservicios (-6,4%), kioscos (-6,2%) y mayoristas (-5,8%).
El único segmento que mostró crecimiento en la comparación interanual fue el comercio electrónico, que avanzó con fuerza, aunque no logró sostenerse en la medición mensual, donde también evidenció una baja.
Detrás de este escenario aparece un combo de factores económicos que golpea directamente al bolsillo. La inflación sostenida en los últimos meses contrasta con la pérdida del poder adquisitivo: los salarios registrados acumularon una caída real del 7,3% entre septiembre de 2025 y enero de 2026, según datos del INDEC.
A esto se suma un mercado laboral más deteriorado. La tasa de desempleo alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, junto con una reducción del empleo registrado y un avance de modalidades más precarias.
En paralelo, crece la presión financiera sobre los hogares. La mora en el sistema bancario llegó al 10,6%, el nivel más alto en más de dos décadas, de acuerdo al Banco Central de la República Argentina. Fuera del sistema tradicional, la situación es aún más crítica: en entidades no financieras, la irregularidad supera el 27%.
En términos de consumo, los recortes se concentraron especialmente en productos básicos. Durante el primer bimestre, las mayores caídas se registraron en bebidas sin alcohol, alimentos perecederos, productos de desayuno y merienda, e higiene personal.
En este contexto, el comportamiento de los consumidores muestra un cambio claro: priorización de gastos esenciales, reducción de compras impulsivas y mayor búsqueda de precios, en un escenario donde la recuperación del consumo aún no logra consolidarse.