La situación financiera de los hogares argentinos atraviesa un momento crítico. Según los últimos datos del Banco Central de la República Argentina, la morosidad en los créditos destinados a familias llegó al 10,6% en enero, el nivel más alto desde 2010 y con un fuerte salto interanual.
El problema se profundiza en algunos segmentos: los préstamos personales registran una mora del 13,2%, mientras que en tarjetas de crédito los saldos impagos alcanzan el 11%. En el caso de entidades no bancarias, como fintech y billeteras virtuales, la situación es aún más delicada, con una irregularidad cercana al 23,9%.
Este escenario posiciona a la Argentina como el país con mayor morosidad de hogares en América Latina. Muy por detrás aparecen Brasil (5,2%) y Colombia (5,1%), seguidos por México, Chile y Paraguay, todos con niveles considerablemente menores.
Especialistas advierten que este fenómeno no responde a una tendencia regional, sino a una dinámica local que se intensificó durante el último año. La combinación de caída del poder adquisitivo, recesión en distintos sectores y aumento previo del endeudamiento explica gran parte del deterioro.
Además, el encarecimiento del crédito y las altas tasas de interés agravan el panorama, dificultando el cumplimiento de las obligaciones. En este contexto, muchas familias recurren a financiamiento para sostener gastos básicos, lo que incrementa el riesgo de incumplimiento.
De cara a los próximos meses, los analistas coinciden en que la recuperación del ingreso será clave para revertir esta tendencia. Sin una mejora real de los salarios frente a la inflación, advierten, la presión sobre las economías familiares podría continuar en aumento.