El Gobierno nacional dispuso una flexibilización en la normativa de combustibles con el objetivo de contener la escalada en los precios de la nafta y el gasoil, en un contexto de fuerte suba del petróleo a nivel internacional.
A través de una resolución de la Secretaría de Energía, la gestión de Javier Milei habilitó a las petroleras a incrementar de manera voluntaria el porcentaje de biocombustibles en las mezclas, sin modificar el corte obligatorio vigente.
La medida permite que las refinadoras puedan incorporar hasta un 15% de bioetanol en las naftas, siempre que se respeten los parámetros técnicos de calidad. Según explicaron desde el área energética, esta adecuación responde a la necesidad de ajustar el contenido de oxígeno del combustible, directamente relacionado con el nivel de bioetanol utilizado.
El trasfondo de la decisión es el fuerte incremento del precio internacional del crudo, que ya superó los 100 dólares por barril en medio de la guerra en Medio Oriente. Ese salto impactó de lleno en el mercado local, donde los combustibles acumulan subas superiores al 20% en lo que va de marzo.
En este escenario, el uso de biocombustibles aparece como una alternativa más económica para la producción, lo que permitiría moderar parcialmente el traslado de costos a los consumidores.
El impacto ya comenzó a sentirse más allá de los surtidores. Comercios y supermercados empezaron a recibir listas con aumentos de entre 2% y 9% en distintos productos, lo que suma presión sobre la inflación de marzo y abril.
La iniciativa se enmarca en una tendencia global. Frente al encarecimiento de la energía, distintos países adoptaron medidas de emergencia como recortes impositivos, subsidios o restricciones a exportaciones para amortiguar el impacto en sus economías.
En paralelo, el ministro de Economía, Luis Caputo, viene defendiendo el rumbo del programa económico, aunque reconoció que la recuperación no será homogénea en todos los sectores.
Con este tipo de decisiones, el Gobierno busca ganar margen frente a un escenario internacional adverso, donde la volatilidad del mercado energético vuelve a poner presión sobre los precios internos y el poder adquisitivo.
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