En el encuentro, los dirigentes sindicales descartaron convocar a un paro general o una movilización al Congreso para el día de la sesión y adelantaron que la opción principal para expresar su rechazo será recurrir a la Justicia, presentando un recurso que señale la supuesta inconstitucionalidad de varios puntos de la norma, en caso de que sea aprobada.
Según fuentes presentes en la reunión de la mesa chica, la decisión de no activar una huelga o una protesta masiva responde a una evaluación interna de que dichas medidas no tendrían incidencia en la votación parlamentaria, que la central obrera da por encaminada a favor del oficialismo. Por eso, optaron por concentrar sus esfuerzos en la vía judicial, con una presentación que buscará impugnar artículos que, según los sindicatos, vulnerarían derechos laborales consagrados en la Constitución.
La movilización prevista por la CGT no será hacia el Congreso el viernes, sino que será el lunes próximo frente al Palacio de Tribunales, donde acompañarán formalmente la presentación ante la Justicia una vez que la reforma sea sancionada por el Senado. La marcha estará integrada principalmente por dirigentes y delegados sindicales, sin convocatoria masiva de trabajadores o afiliados, marcando un giro táctico respecto de protestas anteriores.
La postura de la conducción cegetista se diferencia de la de los sectores más combativos del sindicalismo argentino, que habían impulsado un paro de 36 horas con movilización para este viernes en rechazo al proyecto. Esa rama, agrupada en el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), sigue presionando por medidas de fuerza más contundentes, aunque la CGT decidió no adherirse formalmente a dichas iniciativas.
La estrategia judicial de la CGT marca un cambio en la modalidad de protesta frente a uno de los debates más importantes del año político y laboral argentino, mientras continúa la tensión entre la central obrera y el gobierno por la reforma impulsada en el Congreso.

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