El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció un extenso mensaje sobre el Estado de la Unión en el Capitolio, donde durante 108 minutos defendió su programa de gobierno, cuestionó con dureza a los demócratas y colocó a Irán como uno de los principales focos de tensión en su agenda internacional.
Desde el estrado principal y con el vicepresidente J. D. Vance y el titular de la Cámara de Representantes Mike Johnson detrás suyo, el mandatario desplegó un discurso enfático, con fuerte tono partidario y marcado contraste entre los aplausos republicanos y el silencio de la bancada demócrata.
“Nuestra nación ha regresado, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca. Esta es la era dorada de Estados Unidos”, afirmó al iniciar su exposición.
En materia económica, aseguró haber reducido la inflación, impulsado el crecimiento y fortalecido los ingresos de los trabajadores. También defendió su política migratoria al sostener que la frontera “está segura” y que su administración logró controlar la inmigración indocumentada.
Uno de los momentos más tensos se produjo cuando criticó a la Corte Suprema de los Estados Unidos por un reciente fallo contrario a su esquema de aranceles recíprocos. Trump calificó la decisión como “muy desafortunada” y remarcó que esas medidas habían permitido recaudar miles de millones de dólares en acuerdos económicos y de seguridad nacional.
El mandatario también apuntó contra el Partido Demócrata por su negativa a financiar al Departamento de Seguridad Nacional (DHS), en medio de la controversia política por la muerte de Alex Pretti en Minneapolis. Según el presidente, esa postura pone en riesgo el sistema de control migratorio.
El clima se tensó aún más cuando la congresista Ilhan Omar interrumpió desde su banca con una acusación directa. Trump respondió con dureza, lo que derivó en la salida de Omar y otros legisladores opositores del recinto, en un episodio que marcó uno de los momentos más álgidos de la sesión.
En política exterior, el presidente situó a Irán como uno de los principales adversarios estratégicos de su administración, ratificando una línea dura que ya había anticipado desde el inicio de su mandato.
El discurso dejó en evidencia la profunda polarización que atraviesa la política estadounidense y anticipa un escenario de confrontación legislativa en los próximos meses.


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