Este 24 de febrero se cumplen cuatro años desde que Rusia lanzó la invasión a gran escala sobre Ucrania, desatando el mayor conflicto armado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El enfrentamiento no solo alteró el mapa geopolítico del continente, sino que dejó un saldo devastador en vidas humanas, infraestructura y estabilidad regional.
Según estimaciones recientes del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el total de bajas militares —entre muertos, heridos y desaparecidos— en ambos bandos podría alcanzar el límite superior de 1,8 millones desde febrero de 2022 hasta fines de 2025.
El informe atribuye a Rusia alrededor de 1,2 millones de bajas, incluyendo hasta 325.000 soldados muertos. En el caso de Ucrania, las estimaciones oscilan entre 500.000 y 600.000 bajas, con hasta 140.000 fallecidos. No obstante, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, sostuvo recientemente que el número de militares ucranianos muertos ronda los 55.000, mientras que muchos permanecen desaparecidos. Ninguno de los dos gobiernos publica cifras actualizadas de manera sistemática, lo que dificulta una verificación independiente.
En cuanto a la población civil, la Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU contabilizó 14.999 muertes desde el inicio de la invasión total, aunque advierte que se trata de una cifra conservadora. Más de 40.600 civiles resultaron heridos en el mismo período y al menos 763 niños murieron como consecuencia directa de los combates y bombardeos.
El año 2025 fue el más letal para los civiles desde el comienzo de la guerra: 2.514 personas murieron y 12.142 resultaron heridas, un incremento del 31% respecto del año anterior. Los ataques aéreos y con misiles provocaron daños masivos en la infraestructura energética, dejando durante largos períodos sin electricidad ni agua a amplias zonas del país.
En el plano territorial, Rusia controla actualmente alrededor del 19,4% del territorio ucraniano, según el Instituto para el Estudio de la Guerra. Sin embargo, durante el último año los avances rusos fueron mínimos: apenas un 0,79% adicional, reflejo de una guerra de desgaste con enormes costos humanos y escasos cambios estratégicos.
En paralelo, Estados Unidos ha intentado mediar entre Moscú y Kiev en busca de una salida diplomática, pero las diferencias sobre el futuro de los territorios ocupados y las garantías de seguridad para Ucrania siguen trabando cualquier acuerdo.
A cuatro años del inicio de la invasión, el conflicto no muestra señales claras de resolución y continúa marcando el escenario internacional con consecuencias políticas, económicas y humanitarias de largo alcance.



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