Mburucuyá vivió los días 6, 7 y 8 de febrero una verdadera celebración de su identidad cultural con la realización de la 57ª edición provincial y 21ª nacional del Festival del Auténtico Chamamé Tradicional. Fogones, musiqueadas, enchamigadas y encuentros espontáneos se multiplicaron en distintos puntos de la localidad, en una comunión que reafirmó la vigencia del género declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Las actividades se desarrollaron principalmente en el anfiteatro Eustaquio Miño y en el escenario Tito Miqueri, con una grilla que reunió a destacados referentes del chamamé. La conducción estuvo a cargo de Silvia Ferreira, Diana Casco, Raúl Báez y Miguel Ángel Romero. El lema central de esta edición fue la conmemoración del centenario del nacimiento de Salvador Miqueri, poeta y guitarrista mburucuyano, figura clave en la evolución literaria del chamamé.
Según destacaron, uno de los momentos más celebrados de la primera jornada fue la presentación del cantor entrerriano Mario Suárez, quien recordó la influencia de Miqueri en la poesía chamamecera y reivindicó la necesidad de mantener vivas sus obras en el repertorio actual. También se destacó la actuación del acordeonista Manuel Cruz, cuya interpretación fue seguida con profundo respeto por el público, que respondió con sapucays justos y una ovación final.
A lo largo del festival se sucedieron presentaciones de numerosos artistas y conjuntos, entre ellos César Frete Trío, Sangre Paiubrera, Raíz Guaraní y Los Hijos de los Barrios, quienes cerraron una extensa jornada cuando ya despuntaba el sol. El público acompañó cada actuación, confirmando que el chamamé tradicional convoca por sí mismo, sin necesidad de figuras ajenas al género.
Otro de los momentos emotivos fue la presencia del acordeonista Juancito Güenaga, quien recordó su estrecha relación con Salvador Miqueri y eligió interpretar una obra de su hijo David Miqueri, en un gesto cargado de simbolismo. En la misma línea, Gustavo Miqueri y su Trébol de Ases ofrecieron un repertorio profundamente arraigado en la identidad mburucuyana, con una ejecución que reflejó el legado artístico y familiar del homenajeado.
Marcela Miqueri, hija de Salvador, expresó su emoción por la masiva concurrencia y el cariño del público hacia la obra de su padre, señalando que su figura “sigue viva en los corazones” a través de la música. Entre los asistentes también se encontraba el poeta Félix Chávez, quien recordó con admiración la trayectoria de Miqueri y su aporte decisivo a la literatura del chamamé.
Mburucuyá volvió a demostrar que el chamamé no es solo un festival, sino una forma de vivir y de expresar una identidad colectiva. Con acordeones, bandoneones y guitarras como protagonistas, la localidad reafirmó su rol como custodio de una tradición que se transmite de generación en generación y que, cada febrero, renueva su llama con la fuerza de su gente.


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