La próxima visita del papa León XIV a la Argentina abrió un nuevo frente de preocupación en el Gobierno de Javier Milei. Aunque la administración nacional y las autoridades eclesiásticas trabajan para mantener el carácter pastoral del viaje, la posibilidad de que el Pontífice mantenga reuniones privadas con referentes políticos genera incertidumbre en la Casa Rosada.
El principal temor del oficialismo está relacionado con las interpretaciones políticas que podrían surgir si León XIV recibe a dirigentes opositores durante su estadía. Entre los nombres que aparecen en las especulaciones se encuentran el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el dirigente social Juan Grabois y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Desde el entorno presidencial reconocen que no tienen control sobre esos posibles encuentros, ya que las audiencias privadas dependen de la organización del Vaticano. Por ese motivo, consideran que una eventual reunión con figuras de la oposición podría adquirir una dimensión política difícil de desvincular del escenario nacional.
Como antecedente, en su reciente visita a España, el Papa mantuvo encuentros privados con dirigentes políticos como Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo, además de las reuniones incluidas en su agenda oficial.
En el ámbito eclesiástico, por el momento no confirmaron audiencias adicionales con referentes argentinos, aunque tampoco descartaron que puedan incorporarse encuentros reservados durante los últimos días de preparación.
Otro de los puntos que generó diferencias es la convocatoria para la recepción institucional prevista para el domingo 8 de noviembre en el Palacio Libertad, donde León XIV se encontrará con representantes de los poderes del Estado y distintos sectores de la sociedad.
El Gobierno invitó a gobernadores, legisladores nacionales, integrantes de la Corte Suprema y a la vicepresidenta Victoria Villarruel, pero dejó fuera de la lista a los expresidentes Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández, Eduardo Duhalde y Adolfo Rodríguez Saá.
Desde la Casa Rosada justificaron la decisión por cuestiones de espacio y disponibilidad de lugares, y sostuvieron que la convocatoria contempla a los representantes institucionales de los tres poderes del Estado.
La determinación generó cuestionamientos y sumó un nuevo elemento de tensión en la organización de la visita, especialmente porque el Ejecutivo insiste en evitar que el acontecimiento religioso sea utilizado en la disputa política.
León XIV llegará a la Argentina el domingo 8 de noviembre y permanecerá en el país hasta el miércoles 11. Durante su estadía desarrollará actividades en Buenos Aires, Córdoba y Luján, con celebraciones religiosas y encuentros con distintos sectores sociales.
Entre los compromisos previstos figuran una visita al Cottolengo Don Orione, un encuentro en la Universidad Católica Argentina y una recorrida por la cárcel de Devoto, además de las misas multitudinarias programadas en las distintas jurisdicciones.
En el Gobierno esperan que los mensajes del Pontífice estén centrados en cuestiones generales de la doctrina social de la Iglesia, como la pobreza, la paz, el diálogo y la protección de los sectores vulnerables. Sin embargo, reconocen que sus palabras y los encuentros que mantenga durante el viaje tendrán inevitablemente repercusiones en el escenario político argentino.




