Los satélites de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) siguen de cerca los cambios registrados en el océano Pacífico, donde distintos indicadores apuntan al desarrollo de un fenómeno de El Niño que podría alcanzar una intensidad excepcional. Las observaciones incluyen un aumento de la temperatura del agua, variaciones en la altura del mar y cambios en la coloración del océano.
Según los datos difundidos en octubre por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe un 83% de probabilidad de que esté desarrollándose el episodio de El Niño más intenso desde 1950. La evolución del fenómeno mantiene en alerta a los especialistas por su capacidad para modificar los patrones de lluvias, las temperaturas y la circulación atmosférica en distintas regiones del mundo.
El Niño es un fenómeno climático natural que suele presentarse cada dos a siete años. Se produce cuando las temperaturas de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se mantienen por encima de los valores habituales y alteran la interacción entre el océano y la atmósfera.
Una de las primeras señales apareció en enero de 2026, cuando los satélites identificaron una onda Kelvin cerca de Micronesia, en el Pacífico occidental. Estas ondas transportan grandes volúmenes de agua cálida hacia el este y pueden contribuir al debilitamiento de los vientos alisios, que normalmente soplan desde América hacia Asia.
A comienzos de abril, esas ondas habían alcanzado el Pacífico oriental y las temperaturas superficiales comenzaron a aumentar. En algunas zonas, la expansión térmica del agua elevó el nivel del mar entre 30 y 40 centímetros respecto de las condiciones habituales.
Las mediciones también muestran que el Pacífico oriental presenta temperaturas aproximadamente 1,7 °C por encima del promedio histórico. Los especialistas advierten que el calentamiento podría intensificarse durante los próximos meses.
Para seguir estos cambios, la NASA utiliza información de satélites como Sentinel-6, que mide la altura de la superficie oceánica mediante altimetría por radar, y PACE, una misión que analiza la composición y el color del océano.
Otra de las señales observadas es el aumento de las tonalidades azules en sectores del Pacífico ecuatorial. Este cambio está relacionado con una reducción del fitoplancton, organismos microscópicos que constituyen la base de la cadena alimentaria marina.
Durante El Niño, el debilitamiento de los vientos alisios reduce el ascenso de aguas profundas frías y ricas en nutrientes. Como consecuencia, disminuye la disponibilidad de alimento para el fitoplancton y pueden producirse alteraciones en la distribución de otras especies marinas.
Los instrumentos de la misión PACE permiten observar estos cambios mediante el análisis de distintas longitudes de onda de la luz. La comparación de imágenes de 2025 y 2026 muestra una reducción de las áreas verdosas, asociadas con una mayor presencia de fitoplancton, en determinadas zonas del Pacífico tropical.
El calentamiento del océano puede modificar la distribución de calor y humedad en la atmósfera, con efectos sobre las precipitaciones y las temperaturas a escala global. Según la región y la época del año, El Niño puede favorecer lluvias intensas, inundaciones, sequías o episodios de calor extremo.
En Sudamérica, el fenómeno suele asociarse con un aumento de las precipitaciones en sectores de la cuenca del Plata, aunque sus efectos dependen de la evolución del evento y de las condiciones atmosféricas regionales.
Por eso, el seguimiento satelital resulta fundamental para detectar cambios oceánicos y mejorar las previsiones climáticas. La NASA continuará monitoreando la temperatura, la altura y el color del agua para estudiar la evolución del fenómeno y sus posibles consecuencias durante los próximos meses.
10.png)
7.png)
14.png)
8.png)
8.png)