Larregain recordó que el paso por el Monte Tabor -donde Jesús mostró su gloria a los discípulos- fue una fortaleza previa para afrontar la oscuridad de la cruz. Llevando esa enseñanza a la cotidianeidad de quienes hoy sufren la pérdida del empleo y la escasez, el arzobispo fue contundente: "Nunca tenemos que perder la certeza de nuestro corazón de saber que Él está siempre a nuestro lado. Que nunca nos abandona, que nos sostiene de la mano, que nos ayuda a cargar la cruz cada día, que es la razón de nuestra esperanza, que es fuente de nuestra alegría en medio de las dificultades".
Poniendo como modelo al patrono, Larregain subrayó que "San Cayetano también atravesó numerosos problemas, dificultades y momentos de oscuridad", pero que fue su experiencia de fe la que lo sostuvo para seguir adelante.