Cada 7 de agosto, miles de argentinos se acercan a los templos para pedirle a San Cayetano por pan y trabajo. Aunque nació a miles de kilómetros del país, en Argentina se convirtió en una de las figuras religiosas más veneradas y su historia también guarda un vínculo especial con Corrientes.
Cayetano de Thiene nació en 1480 en Vicenza, en los territorios de la entonces República de Venecia. Estudió en Padua, se trasladó a Roma y desarrolló gran parte de su actividad pastoral en Nápoles. Fue uno de los fundadores de la Orden de los Clérigos Regulares, conocidos como teatinos.
Su devoción llegó a América de la mano de la tradición española y, en el actual territorio argentino, ingresó primero por Santiago del Estero. Desde allí comenzó a expandirse hacia otras regiones.
Una figura clave en ese recorrido fue Santa María Antonia de San José, Mama Antula, quien llevó la devoción a San Cayetano hasta Buenos Aires. Años después, las Hijas del Divino Salvador impulsaron la construcción de la iglesia dedicada al santo en Liniers.
La historia tiene un capítulo particularmente llamativo para Corrientes.
El santuario de San Cayetano de Liniers llegó a contar con tres imágenes del santo. Una de ellas, de tamaño natural, presidió el altar mayor desde la consagración del templo en 1941.
Cuando el edificio fue reformado en 1970, esa imagen dejó de ocupar el altar principal y fue trasladada a Esquina, Corrientes, donde actualmente recibe veneración.
La otra imagen que permanece en el santuario porteño es conocida popularmente como “el milagroso”. Fue entronizada alrededor de 1935 y se caracteriza por representar al santo con flores de azucena y espigas de trigo, símbolo que terminó asociándolo entre los fieles con los pedidos de pan y trabajo.
La devoción argentina adquirió características propias. Cada 7 de agosto, los fieles llegan a los templos para pedir por empleo, sustento y bienestar familiar.
En Buenos Aires, el santuario de Liniers se convirtió en el principal centro de peregrinación. La celebración reúne cada año a multitudes que se acercan para agradecer, pedir y renovar su fe.
Así, una figura nacida en la Italia del siglo XV terminó convirtiéndose en un símbolo profundamente arraigado en la cultura religiosa argentina y, a través de aquella imagen trasladada a Esquina, también dejó una parte de su historia en Corrientes.
1.png)
2.png)
19.png)
3.png)
8.png)