Mientras el consumo de carne vacuna atraviesa uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas, una alternativa comienza a captar la atención de productores y consumidores: la carne de búfalo. Más económica que la vacuna y con importantes beneficios nutricionales, busca abrirse camino en el mercado argentino.
Según datos recientes del sector, el consumo de carne vacuna cayó a 47,5 kilos por habitante al año, el registro más bajo en 20 años. Entre los factores que explican esta tendencia aparecen el aumento de precios y la pérdida del poder adquisitivo de los hogares.
En este contexto, la carne de búfalo surge como una alternativa competitiva. Su valor en el mercado es entre un 15% y un 20% inferior al de la carne vacuna y, además, presenta características nutricionales destacadas. Estudios del INTA indican que contiene menos calorías, menos grasa total, menos grasas saturadas y menos colesterol, además de aportar más proteínas, hierro y vitamina B12.
Los especialistas señalan que el búfalo posee ventajas productivas particulares, ya que puede criarse en campos inundables donde el ganado bovino tradicional presenta mayores dificultades. Esto permite aprovechar áreas consideradas marginales para la producción ganadera.
Aunque los productores aclaran que no buscan reemplazar a la carne vacuna, sostienen que existe espacio para que esta proteína gane participación en la dieta de los argentinos, especialmente entre quienes priorizan una alimentación más saludable o buscan opciones más accesibles para el bolsillo.
Los cortes comercializados son similares a los de la carne vacuna —como lomo, entraña u ojo de bife— y pueden utilizarse de manera prácticamente idéntica en la cocina. La principal diferencia radica en que, al ser una carne más magra, requiere tiempos de cocción más cortos.
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