En menos de treinta minutos, los paquetes cruzan el tramo más congestionado de la ciudad y llegan al área de Bihaiwan, cerca del aeropuerto, donde continúan su recorrido hacia el centro de distribución.
La operación se apoya en una flota de robovans, que son pequeños vehículos capaces de moverse de forma autónoma por rutas predeterminadas, donde trasladan paquetes desde un centro de almacenamiento hasta el área de carga del metro.
Cada uno puede transportar hasta 500 kilos y dispone de un espacio útil de unos 3 metros cúbicos.
El sistema combina planificación autónoma de ruta, sensores láser y un sistema de control que le permite moverse con seguridad entre los pasajeros.
La fuerte competencia entre fabricantes nacionales abarató los costos debido a la reducción en componentes clave como los sensores LiDAR e impulsó el desarrollo de baterías más eficientes y chips específicos para conducción autónoma.
Ante esto, los costos de producción se reducen notablemente. Un robovan ya es entre un 20 y un 30% más económico que un vehículo comercial tradicional, y la diferencia aumenta al prescindir del espacio de cabina y del costo del conductor.
Sin embargo, aún dependen de supervisión humana en varias etapas, especialmente en la carga y descarga de mercancías. Su velocidad dentro de las estaciones es reducida para garantizar la seguridad de los pasajeros, y eso limita el ritmo operativo.