El proyecto también representa un intento de recuperar el sueño que quedó truncado tras el retiro definitivo del Concorde en 2003. A diferencia de aquella aeronave, que sólo podía operar regularmente sobre rutas oceánicas para evitar problemas de contaminación acústica, el X-59 aspira a demostrar que los vuelos supersónicos pueden convivir con las ciudades modernas.
Si los resultados son positivos, la industria aeronáutica podría ingresar en una nueva etapa en la que los viajes intercontinentales se realicen en tiempos significativamente más cortos que los actuales, transformando para siempre la manera en que las personas se desplazan alrededor del mundo.