Los voceros de la cartera militar explicaron que este andamiaje administrativo mejorará los tiempos de respuesta de los soldados en los ejercicios combinados de adiestramiento. El sistema de convenios cubrirá las necesidades de mantenimiento de las naves en las escalas de los puertos y en las tareas de asistencia humanitaria, por ende los especialistas contarán con un marco legal predecible para coordinar los movimientos de las tropas.
El convenio estratégico incluye además un protocolo especial para la atención de urgencias logísticas en situaciones de catástrofes o de peligro inminente. Las dos naciones coordinarán sus recursos de forma inmediata ante cualquier imprevisto que requiera un despliegue de ayuda comunitaria, por lo cual los mandos medios tendrán la facultad de activar los mecanismos de auxilio sin trabas burocráticas.
La segunda carta de intención formalizó la entrada del país a un catálogo cerrado de compras militares que maneja el Pentágono de forma directa. La herramienta informática centralizará la oferta de dispositivos aéreos de vigilancia y los equipos de última generación para interceptar aparatos enemigos, de modo que las fuerzas de seguridad locales accederán de forma rápida a materiales que ya cuentan con el sello de aprobación del ejército estadounidense.
El Gobierno nacional consideró que la modernización de los equipos resulta indispensable ante los profundos cambios que sufren los conflictos bélicos modernos. Las experiencias internacionales demostraron la enorme importancia de estos elementos para el cuidado de los objetivos económicos y la protección de las fronteras nacionales, razón por la cual el embajador Peter Lamelas celebró el acuerdo como una muestra clara de liderazgo regional.