Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) encendió una señal de alerta sobre la situación de los trabajadores en el país: uno de cada cuatro no come durante su jornada laboral, reflejando el impacto directo de la crisis económica en aspectos básicos de la vida cotidiana.
El estudio, basado en una encuesta nacional a más de mil asalariados, expone que el problema no es aislado. Por el contrario, el 83,5% de los trabajadores atraviesa algún tipo de vulnerabilidad alimentaria, ya sea reduciendo la cantidad de comida o resignando calidad nutricional por falta de recursos.
En términos concretos, el 22,6% de los empleados directamente no se alimenta durante su jornada, mientras que más de la mitad admite haber salteado comidas o haber optado por alimentos menos nutritivos debido a limitaciones económicas.
El informe también advierte que la problemática está fuertemente vinculada al nivel de ingresos y a las condiciones laborales. Los trabajadores de menores recursos, empleados en pequeñas empresas o en sectores menos calificados, son los más afectados por esta situación.
Además del factor económico, inciden las condiciones en los lugares de trabajo. La falta de espacios adecuados, como comedores, heladeras o microondas, así como la ausencia de pausas para comer, profundizan las desigualdades y dificultan el acceso a una alimentación adecuada.
Otro dato relevante es que solo un 16,5% de los trabajadores está exento de estas privaciones, lo que confirma que la problemática alcanza a la gran mayoría de la población asalariada.
El estudio concluye que la alimentación durante la jornada laboral dejó de ser un hábito garantizado y pasó a depender de factores estructurales como el salario, la organización del trabajo y las condiciones materiales, consolidando un escenario de desigualdad creciente en el ámbito laboral.


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