El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó el tono contra Irán al advertir que, si no se alcanza un acuerdo en el corto plazo, podrían producirse ataques contra infraestructuras clave como centrales eléctricas, pozos petroleros, plantas desalinizadoras e incluso la estratégica isla de Kharg.
En una entrevista reciente, Trump no descartó la posibilidad de que fuerzas estadounidenses tomen control de esa isla, considerada un punto clave para la exportación de petróleo en el Golfo Pérsico. “Tenemos muchas opciones”, aseguró, en medio de negociaciones que calificó como avanzadas, aunque marcadas por la desconfianza.
El conflicto se da en un contexto de creciente tensión regional. Israel e Irán intercambiaron ataques en las últimas horas, con bombardeos sobre infraestructura en Teherán y represalias que alcanzaron ciudades como Tel Aviv, además de otros puntos estratégicos en la región.
A su vez, milicias proiraníes lanzaron cohetes que impactaron en zonas civiles del norte israelí, provocando daños materiales y la intervención de equipos de emergencia. En paralelo, fuerzas israelíes llevaron a cabo operaciones contra estos grupos en Beirut.
En el plano diplomático, Pakistán anunció su intención de mediar en posibles conversaciones entre Washington y Teherán, aunque hasta el momento no hay confirmaciones oficiales sobre un diálogo directo. Desde el Parlamento iraní, la propuesta fue rechazada y considerada una maniobra encubierta en medio del despliegue de tropas estadounidenses en la región.
El escenario internacional se vuelve cada vez más complejo, con múltiples focos de conflicto activos y el riesgo latente de una escalada mayor que podría impactar en el equilibrio global.