El conflicto en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo de alta tensión. Israel informó que en las últimas 24 horas abatió a 20 combatientes de Hezbollah en el sur del Líbano, en el marco de operaciones militares en la zona.
Según las Fuerzas de Defensa de Israel, los enfrentamientos se produjeron en dos episodios distintos, donde tropas identificaron y neutralizaron escuadrones armados del grupo.
En paralelo, la escalada se profundizó tras el ataque al yacimiento gasífero South Pars, uno de los más grandes del mundo, ubicado en Irán. La ofensiva se produjo en medio de una cadena de operaciones que incluyeron bombardeos en Beirut y la muerte de un alto funcionario iraní.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que su país podría responder con mayor contundencia si continúan los ataques en la región. Incluso, señaló que ordenaría destruir completamente el yacimiento si Irán avanza contra instalaciones energéticas en otros países.
Desde Teherán, el gobierno iraní condenó la ofensiva y alertó sobre posibles “consecuencias incontrolables”, al tiempo que lanzó represalias contra infraestructuras energéticas en el Golfo, incluyendo instalaciones en Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
El impacto de la crisis ya se siente en los mercados internacionales. El precio del petróleo se disparó por encima de los 110 dólares por barril, reflejando el temor a una interrupción en el suministro global de energía.
Con ataques, amenazas y represalias en cadena, el escenario regional se vuelve cada vez más inestable y con riesgo de expansión del conflicto a mayor escala.
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