Los mercados financieros internacionales comenzaron la semana con fuertes caídas luego de que el precio del petróleo superara los USD 100 por barril en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente. La suba del crudo generó preocupación en los inversores y provocó retrocesos en las principales bolsas del mundo.
En Asia, el índice Nikkei 225 de Japón sufrió una de las mayores caídas de la jornada al desplomarse más del 5%, mientras que otros mercados regionales también registraron pérdidas significativas.
La tendencia negativa se trasladó a los mercados de Estados Unidos. En las operaciones previas a la apertura, los principales indicadores como el S&P 500, el Nasdaq Composite y el Dow Jones Industrial Average operaban con bajas superiores al 1%, luego de haber cerrado la jornada previa con retrocesos cercanos al 2%.
El nerviosismo financiero se intensificó tras el fuerte aumento del petróleo, que superó la barrera de los 100 dólares por barril y llegó incluso a superar los 110 dólares en el mercado de futuros. El salto en la cotización se vincula directamente con la guerra en Medio Oriente y con las tensiones que afectan la producción y el transporte del crudo en la región.
En este contexto, el barril de referencia en Estados Unidos, el West Texas Intermediate, alcanzó niveles que no se registraban desde 2022. Entre los factores que presionan al alza se encuentran la continuidad del cierre del Estrecho de Ormuz —una de las principales rutas de transporte de petróleo del mundo— y la reducción de la producción en algunos países del Golfo.
La escalada del precio del crudo también arrastra al alza a otros commodities agrícolas, como la soja y el trigo, ya que un petróleo más caro incrementa la demanda de biocombustibles y presiona sobre los costos energéticos a nivel global.
En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, restó dramatismo al impacto del aumento del petróleo y afirmó que se trata de “un pequeño precio a pagar” frente a la necesidad de enfrentar la amenaza nuclear de Irán.
Analistas económicos advierten que este escenario podría generar nuevas presiones inflacionarias en distintos países, especialmente en economías sensibles al costo de la energía. En el caso de Argentina, el encarecimiento del petróleo y de los alimentos podría complicar aún más el panorama económico y alterar la tendencia de las tasas y del tipo de cambio en los próximos meses.



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