La creciente tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán volvió a poner en el centro de la escena al estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por donde circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo y gas. La posibilidad de un bloqueo disparó el precio internacional del crudo, que se aproxima a los 80 dólares por barril, y encendió alertas sobre su impacto en la economía argentina.
El nuevo escenario combina ventajas y riesgos. Por un lado, un barril más caro fortalece el frente externo: mejora el saldo comercial energético, incrementa la recaudación por derechos de exportación y potencia el ingreso de divisas. Por otro, presiona sobre el precio de los combustibles en el mercado interno y puede trasladarse a la inflación.
Ventana de oportunidad para Vaca Muerta
El principal beneficiado sería Vaca Muerta, cuya producción viene en expansión sostenida. Con mayores precios internacionales y volúmenes crecientes, el impacto no se limita a una mejora coyuntural: podría traducirse en más exportaciones y mayor capacidad de inversión.
En enero, la producción petrolera argentina alcanzó un récord de 882.200 barriles diarios, con un crecimiento interanual impulsado en gran medida por el desarrollo no convencional. En este contexto, empresas como YPF, Vista Energy y Pampa Energía captarían mayores ingresos por ventas externas y márgenes más amplios.
Especialistas del sector señalan que el conflicto no solo eleva el valor del Brent, sino que también podría eliminar el descuento del 3% al 4% que venía aplicándose al crudo argentino por la sobreoferta global. De sostenerse el nuevo nivel de precios, el efecto sería doble: más dólares y mejor posicionamiento externo.
La otra cara: impacto en surtidores e inflación
Sin embargo, el beneficio exportador tiene un costo interno. El crudo representa aproximadamente el 40% del precio final de los combustibles, por lo que un aumento de 10 dólares en el barril podría traducirse en subas cercanas al 4% en los surtidores locales.
En un país con alta inercia inflacionaria, cualquier incremento en el precio de la energía repercute en toda la cadena productiva: transporte de cargas, logística, bienes de consumo y servicios. El traslado no es inmediato ni total, pero resulta difícil de evitar en un esquema de precios alineado con el mercado internacional.
Desde el Ministerio de Economía, el titular de la cartera, Luis Caputo, definió el escenario como “un shock externo fuerte” y sostuvo que la clave para enfrentarlo es mantener el orden fiscal y monetario. Según su visión, un país con cuentas equilibradas está mejor preparado para absorber turbulencias globales.
Un escenario incierto
Analistas energéticos advierten que el desenlace dependerá de la duración y profundidad del conflicto. Si la escalada se prolonga, el impacto podría consolidarse y convertirse en una mejora estructural para el sector energético argentino. Si, en cambio, la tensión cede rápidamente, los precios podrían retroceder ante un mercado que aún muestra signos de sobreoferta.
En paralelo, el cierre del estrecho afectaría especialmente a Asia, con China e India como grandes compradores, y podría alterar flujos comerciales hacia Europa, generando efectos colaterales sobre el comercio global.
Así, la Argentina enfrenta un escenario de “doble beneficio” y riesgo latente: mientras el petróleo caro fortalece a su industria energética y promete más divisas, también amenaza con reavivar la presión inflacionaria en el mercado doméstico.







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