Las nuevas herramientas de inteligencia artificial volvieron a encender las alarmas en los mercados financieros globales. Durante la última semana, las acciones de empresas de software y servicios tecnológicos registraron fuertes caídas en Wall Street, un movimiento que se replicó en Asia y Europa y que provocó pérdidas cercanas a los 300.000 millones de dólares en valor de mercado.
El retroceso estuvo impulsado por el aumento de las dudas en torno al impacto que la inteligencia artificial podría tener en el empleo, en los esquemas tradicionales de negocios y en el futuro de la industria tecnológica. Aunque el sector venía siendo uno de los grandes motores del mercado en los últimos años, el entusiasmo comenzó a moderarse desde octubre, cuando los inversores empezaron a evaluar no solo el potencial de la IA, sino también sus efectos secundarios.
Para muchos analistas, lo ocurrido no representa una sorpresa, sino un ajuste tras un período de fuerte euforia. La inteligencia artificial había funcionado como un impulso clave para llevar a varias acciones tecnológicas a máximos históricos, pero ahora el foco se desplazó hacia los riesgos asociados a una automatización más profunda y acelerada de lo previsto.
La corrección golpeó inicialmente a las empresas de software más expuestas a la automatización, aunque rápidamente se extendió al conjunto del mercado, en un contexto de mayor cautela por parte de fondos e inversores institucionales. En particular, surgió el temor de que las compañías comiencen a reducir gastos en software y licencias, uno de los pilares del crecimiento del sector en los últimos años.
El detonante fue la presentación de nuevas herramientas desarrolladas por la empresa estadounidense Anthropic, creadora del chatbot Claude. Estas soluciones prometen automatizar tareas legales, comerciales, de marketing y atención al cliente, lo que encendió alertas sobre una posible sustitución directa de servicios especializados y modelos de negocio consolidados.
El impacto fue generalizado: grandes firmas vinculadas a servicios legales digitales, información financiera y outsourcing tecnológico registraron caídas de dos dígitos, mientras que un índice que agrupa a las principales compañías de software en Estados Unidos retrocedió cerca de un 7%.
En este escenario, el mercado parece anticipar un cambio de ciclo. Más allá de la discusión sobre una eventual “burbuja de la IA”, crece una pregunta de fondo: qué ocurrirá si la inteligencia artificial avanza más rápido y de forma más eficiente de lo que el sistema económico y laboral está preparado para absorber.
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