Las revueltas comenzaron como una protesta en primer lugar económica, dado que en el último mes del año pasado se registró un 42% de inflación, junto con una fuerte caída del rial iraní (la moneda local), pero prontamente escalaron a una revuelta con tintes políticos y el régimen local empezó a perder gran legitimidad con la población.
De allí en más se suscitaron dos días muy trágicos en donde se concentró la mayor represión por parte del gobierno iraní, entre el 8 y 9 de enero, y también la mayoría de los muertos.
Estados Unidos, ante esta situación, amenazó con intervenir en Irán en caso de que hubiera más ejecuciones de civiles, algo que sucedió, por lo que las tensiones están en su punto más álgido y de allí surgen las declaraciones del viceministro iraní de la “mayor probabilidad de ir a la guerra antes que negociar con Estados Unidos”.