Al finalizar la misa central de la 47ª Peregrinación Juvenil del NEA, representantes de las distintas diócesis de la región leyeron una proclama frente a la Basílica de Itatí, donde plantearon las principales preocupaciones y aspiraciones de las nuevas generaciones.
El documento estuvo organizado alrededor de tres ejes: sanar, soñar y servir, y propuso transformar la experiencia de la peregrinación en acciones concretas en las comunidades de origen.
En el primer eje, los jóvenes reclamaron mayor acompañamiento para quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad y pidieron construir espacios donde puedan ser escuchados y contenidos. También expresaron su intención de asumir un papel más activo dentro de las comunidades religiosas.
“No queremos mirar desde afuera, queremos ser parte, queremos ser protagonistas”, señalaron durante la lectura del manifiesto.
El segundo eje estuvo centrado en las oportunidades para las nuevas generaciones. Los representantes plantearon la necesidad de garantizar condiciones que permitan estudiar, acceder a un trabajo y construir un proyecto de vida digno.
La proclama también incluyó una reflexión sobre el impacto de las nuevas tecnologías y el uso de las pantallas. En ese sentido, los jóvenes destacaron la importancia de preservar los vínculos personales, la empatía, la libertad, la dignidad y el encuentro con los demás.
Finalmente, bajo el eje “servir”, plantearon la necesidad de traducir la fe en acciones concretas de acompañamiento y ayuda. “No queremos una fe de palabras, queremos una fe que se haga vida”, expresaron.
El mensaje concluyó con una convocatoria a continuar el compromiso una vez finalizada la peregrinación: “Nuestra peregrinación no termina en Itatí, continúa cuando volvemos a casa y hacemos de nuestra fe vida”.
La proclama fue leída ante obispos, sacerdotes y los miles de peregrinos que participaron de la celebración central en el santuario itateño.
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