A seis años de la declaración del chamamé como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, la expresión musical correntina atraviesa una etapa de mayor presencia en escenarios, espacios de formación y propuestas culturales, aunque todavía enfrenta desafíos vinculados con su enseñanza, promoción y preservación.
En la antesala del Día Nacional del Chamamé, que se conmemora cada 19 de septiembre en homenaje a Mario del Tránsito Cocomarola, Gabriela Basualdo, una de las gestoras que participó en la elaboración del expediente presentado ante la Unesco, repasó el proceso que llevó al reconocimiento internacional y analizó el presente del género.
“Hoy tiene mucha vida, se respira más chamamé. Antes, cuando nosotros escribimos las políticas de salvaguarda, eso no era tan así”, sostuvo Basualdo al comparar la situación actual con los primeros años de trabajo destinados a fortalecer la preservación de esta expresión cultural.
Según explicó, en aquel momento existían menos espacios de difusión, peñas y lugares de formación, mientras que la presencia del chamamé en las radios también era más limitada. En los últimos años, consideró que se produjo un crecimiento de su visibilidad tanto dentro como fuera de la provincia.
La especialista también destacó la incorporación del género a nuevos ámbitos de formación y recordó hitos como la presentación del chamamé en el G20 de 2018, realizada en el marco del proceso de postulación internacional.
“Hoy el chamamé es una posibilidad y está presente en escenarios y espacios nacionales e internacionales”, señaló.
El reconocimiento de la Unesco fue precedido por un extenso proceso de trabajo institucional. Basualdo recordó que una de las etapas que mayor tiempo demandó fue la búsqueda de reconocimiento del chamamé dentro del Mercosur.
“El desafío mayor lo tuvimos en la Cancillería argentina cuando pretendíamos postular el chamamé como patrimonio del Mercosur”, explicó.
Según relató, durante años fue necesario realizar gestiones periódicas ante el organismo regional, debido a la renovación semestral de las presidencias del Mercosur. “Eso nos llevó más tiempo que la Unesco”, recordó.
Finalmente, en 2016, la Cancillería argentina informó que postularía el chamamé ante el Mercosur. Ese trabajo previo permitió contar con documentación y experiencia para avanzar posteriormente hacia la presentación ante la Unesco.
El primer expediente ingresó en 2017 y fue considerado en 2018, en Isla Mauricio. Durante ese proceso, el organismo internacional realizó distintas observaciones que obligaron a fortalecer aspectos vinculados con las políticas de salvaguarda y la participación de la comunidad portadora.
Entre las transformaciones que surgieron de ese proceso estuvo la creación de estructuras vinculadas con el patrimonio cultural inmaterial dentro del ámbito provincial. También se concretó el desarrollo de espacios como Casa Ñanderekó, vinculada con el carnaval y el chamamé.
Basualdo recordó además que, en una de las instancias, se había presentado una cantidad reducida de formularios de adhesión comunitaria respecto del universo disponible. “Nosotros lo habíamos presentado solamente cuatro, siendo que teníamos más de 1.700 formularios”, explicó.
Con el reconocimiento internacional consolidado, Basualdo considera que todavía existen áreas que requieren mayor desarrollo. Una de ellas es la educación formal.
“Faltan muchas cosas. Me parece que falta el chamamé en la educación formal, con currículas específicas”, sostuvo.
Como referencia, mencionó que durante 2025 el cuarteto cordobés incorporó materiales curriculares y un cuadernillo de trabajo, mientras que el chamamé todavía no cuenta con una herramienta similar de alcance específico.
La especialista también planteó la necesidad de fortalecer las políticas destinadas a los músicos y artistas que comienzan sus carreras.
“Me parece que falta también una política específica de acompañamiento a los chamameceros que se inician. No funciona la ley de mecenazgo y eso me parece que es muy importante”, afirmó.
En relación con la Fiesta Nacional del Chamamé, propuso analizar mecanismos de participación colegiada para las decisiones artísticas. Como referencia, mencionó experiencias de otros festivales que cuentan con comités encargados de establecer criterios de programación.
A su entender, la incorporación de estos espacios podría contribuir a ampliar la discusión sobre las propuestas y el rumbo artístico de uno de los principales eventos culturales de Corrientes.
Al analizar las acciones de salvaguarda, Basualdo marcó diferencias entre las iniciativas desarrolladas por distintos niveles del Estado.
Destacó especialmente el trabajo de la Municipalidad de Corrientes, a través de propuestas como la Peña de la Ciudad y distintos talleres destinados a generar espacios de formación y semilleros.
“La Municipalidad de Corrientes está teniendo una impronta muy fuerte de salvaguarda”, consideró.
Al mismo tiempo, planteó la necesidad de generar más espacios institucionales de discusión y debate para diseñar políticas destinadas a la preservación y promoción del chamamé.
“Faltan un montón, me parece que faltan espacios de discusión y debate para proponer políticas”, sostuvo.
El conocimiento adquirido durante el proceso de reconocimiento del chamamé también comenzó a utilizarse en nuevos proyectos de patrimonio cultural.
Uno de ellos es la postulación de la peregrinación de San Luis del Palmar al santuario de Nuestra Señora de Itatí, una manifestación de fuerte arraigo popular y territorial en Corrientes.
Basualdo explicó que el trabajo reúne a organizaciones de la sociedad civil, instituciones y organismos estatales, entre ellos la Cooperativa San Luis Señor Rapó, la Fundación Marta Quiles, San Luis en Fotos y la Municipalidad.
También destacó el acompañamiento de la Legislatura provincial a través de Cultura Senado.
“Aprendimos de los errores, nos enriquecimos en la manera de trabajar, en la manera de articular”, señaló sobre la experiencia acumulada durante el proceso del chamamé.
En este nuevo proyecto, uno de los aspectos centrales es el territorio involucrado. “Estamos hablando de 70 kilómetros que se involucran en este elemento vivo”, explicó.
Para Basualdo, el crecimiento del chamamé no implica dejar de lado sus raíces. Por el contrario, considera que la incorporación de nuevas herramientas de difusión debe convivir con la preservación de su identidad.
“Más allá de las modas, los jóvenes que realmente quieren abrazar el chamamé no se deben olvidar que el chamamé debe marcar la identidad del pueblo correntino”, afirmó.
La especialista definió al género como un patrimonio vivo, vinculado con la identidad correntina, el hombre de campo, los trabajadores y la geografía de la provincia.
En ese sentido, remarcó que existe una amplia producción poética y cultural propia sobre la cual continuar creando, sin necesidad de trasladar al chamamé obras pertenecientes a otros géneros.
Las nuevas tecnologías también forman parte de este escenario. Basualdo contó que recientemente participó de un encuentro con jóvenes músicos en Casa Ñanderekó, donde se abordaron los desafíos relacionados con las plataformas digitales y la difusión de las producciones.
“Las redes sociales colaboran muchísimo, pero los desafíos son mayores”, señaló.
Para la especialista, el desafío actual consiste en aprovechar esas herramientas de difusión sin perder de vista el carácter identitario de la expresión cultural. A seis años de su reconocimiento internacional, el chamamé mantiene así una presencia creciente, mientras continúa el debate sobre las políticas necesarias para garantizar su transmisión a las próximas generaciones.
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