En los medios europeos, el intercambio verbal ya es calificado como el “voto vanidad” de una era sin líderes indiscutidos. Diarios como L’Équipe y Marca destacan que la ausencia de diplomacia responde a la paridad de la temporada, donde la falta de un candidato unánime obligó a las figuras a hacer campaña mediática y presionar en los micrófonos para captar la atención de los votantes.
Este cruce de declaraciones rememora antiguos episodios de soberbia extrema. En años pasados, Cristiano Ronaldo remarcó que merecía ganarlo en cada temporada, mientras que Franck Ribéry denunció una injusticia histórica tras quedar tercero en 2013 y Robert Lewandowski reclamó duramente el trofeo no entregado en 2020, cuando quedó en manos de Lionel Messi.
El clima previo a la gala se volvió irrespirable por la falta de modestia. La diplomacia quedó sepultada por la vanidad de los futbolistas, quienes decidieron jugar su propio partido mediático antes del veredicto definitivo.