La cirugía robótica dejó de ser una tecnología asociada exclusivamente a la ciencia ficción y comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en los quirófanos argentinos. Sin embargo, existe una confusión frecuente: los robots quirúrgicos no operan de manera autónoma ni reemplazan al médico.
En realidad, se trata de sistemas que permiten al cirujano controlar instrumentos de alta precisión desde una consola. El profesional observa el área de intervención mediante imágenes de alta definición y utiliza controles que traducen sus movimientos en acciones realizadas por los brazos robóticos.
Uno de los sistemas más conocidos es el da Vinci, que cuenta con una consola para el cirujano, un carro ubicado junto al paciente y una torre de visión. El especialista controla los instrumentos y puede realizar movimientos más precisos, además de reducir el efecto de los temblores naturales de la mano.
Una de las principales ventajas de la cirugía robótica es que permite trabajar mediante técnicas mínimamente invasivas. Los instrumentos pueden ingresar al cuerpo a través de pequeñas incisiones y ofrecer al profesional una visión ampliada y tridimensional de la zona donde interviene.
El sistema también permite realizar movimientos muy precisos en espacios reducidos y facilita maniobras que pueden resultar más complejas con técnicas convencionales. La tecnología está especialmente orientada a procedimientos en los que se necesita un alto grado de precisión.
En Argentina, estos sistemas ya son utilizados en distintas especialidades. Entre ellas se encuentran la urología, la cirugía general, la ginecología, la cirugía pediátrica y determinadas intervenciones de alta complejidad. En 2025, por ejemplo, especialistas argentinos incorporaron un robot Toumai para ampliar el uso de esta tecnología en diferentes áreas quirúrgicas.
Uno de los aspectos centrales de esta tecnología es que el robot no decide dónde cortar, qué tejido retirar ni cómo continuar una intervención.
Todas esas decisiones corresponden al equipo médico. El sistema funciona como una herramienta que amplía las capacidades del cirujano: reproduce sus movimientos con mayor precisión y permite trabajar con instrumental articulado dentro del organismo.
Por eso, la capacitación y experiencia del profesional continúan siendo fundamentales. El robot puede mejorar determinadas condiciones técnicas de una intervención, pero no reemplaza el criterio médico ni la toma de decisiones durante una operación.
La evolución de los sistemas robóticos apunta a incorporar mejores imágenes, mayor precisión, instrumentos más sofisticados y herramientas que permitan integrar información adicional durante las intervenciones.
El objetivo es avanzar hacia procedimientos cada vez menos invasivos y mejorar las condiciones de trabajo de los equipos quirúrgicos.
Así, la cirugía robótica representa una nueva etapa dentro de la medicina de precisión: la máquina aporta tecnología y capacidad técnica, pero el cirujano continúa siendo quien dirige la operación.
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