Aquel cambio original se había instrumentado mediante el Decreto 1584/10, firmado por la entonces presidenta Cristina Kirchner, con el propósito de desterrar el concepto colonial de "raza" y promover una reflexión histórica orientada al reconocimiento y diálogo intercultural con los pueblos originarios.
Ya durante el primer año de gestión libertaria, las cuentas oficiales del Ejecutivo en redes sociales habían anticipado esta línea conceptual al reivindicar la fecha como la conmemoración de "la llegada de Cristóbal Colón a América, un hito que marcó el inicio de la civilización en el continente americano".
La decisión oficial fue repudiada de inmediato por diversos sectores sociales y académicos, que interpretaron la medida como "un retroceso en materia de derechos" y "un gesto de negacionismo" frente a la matriz pluri y multicultural que compone la identidad argentina.
Más allá de la controversia simbólica y nominal, el calendario nacional indica que el descanso llegará recién en el décimo mes del año: el próximo feriado está fijado para el lunes 12 de octubre.
A pesar de tratarse de una fecha trasladable según el régimen vigente, el Gobierno decidió mantenerlo inamovible en su día original, garantizando de este modo un fin de semana largo de tres días (sábado 10, domingo 11 y lunes 12) para incentivar el turismo interno y el movimiento recreativo.