Empresas dedicadas al desarrollo de inteligencia artificial comenzaron a comprar grandes cantidades de libros usados y descatalogados para convertirlos en datos de entrenamiento para sus modelos, una práctica que abrió una fuerte discusión sobre el futuro del conocimiento, la propiedad intelectual y la conservación de obras impresas.
Según reportes internacionales, algunas compañías adquieren lotes de miles de libros, los escanean mediante procesos automatizados y luego destruyen los ejemplares físicos para acelerar la digitalización del contenido. La metodología, conocida como escaneo destructivo, permite obtener grandes volúmenes de información para alimentar sistemas de inteligencia artificial.
El fenómeno generó preocupación entre libreros, autores y especialistas, quienes advierten sobre la posible pérdida de material histórico, especialmente en el caso de obras antiguas, académicas o de circulación limitada. También plantean interrogantes sobre quién controla el acceso al conocimiento utilizado para entrenar estas tecnologías.
Uno de los focos del debate está relacionado con los derechos de autor. Las empresas tecnológicas sostienen que necesitan grandes cantidades de información para mejorar sus modelos de inteligencia artificial, mientras que sectores vinculados a la industria editorial reclaman mayores garantías sobre el uso de las obras.
La discusión se da en un contexto de fuerte competencia entre compañías de IA, que buscan incorporar cada vez más datos de calidad para mejorar sus herramientas y reducir la dependencia de contenidos generados automáticamente en internet.
Para el mundo editorial, el desafío será encontrar un equilibrio entre el avance tecnológico y la protección del patrimonio escrito que durante siglos permitió conservar y transmitir conocimiento.


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