Las noches con temperaturas elevadas podrían convertirse en un factor clave para el rendimiento de la soja, según una investigación desarrollada por especialistas que analiza cómo el aumento del calor nocturno afecta al cultivo durante una de sus etapas más sensibles.
El estudio evalúa el impacto de las olas de calor y de las altas temperaturas nocturnas durante la fructificación de la soja, período en el que se define gran parte del rendimiento final. Los investigadores observaron la relación entre estas condiciones térmicas y variables como la cantidad de granos, el peso de las semillas y la acumulación de biomasa.
El trabajo fue realizado por investigadores vinculados al Centro de Ecofisiología Vegetal de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), y pone el foco en los desafíos que plantea el cambio climático para los cultivos extensivos.
Los especialistas advierten que la mayor frecuencia de olas de calor y noches más cálidas puede afectar especialmente a la soja en sus fases reproductivas, por lo que resulta fundamental avanzar en estrategias de adaptación, manejo del cultivo y selección de variedades con mayor tolerancia térmica.
La investigación aporta información relevante para una región productiva donde la soja representa uno de los principales cultivos agrícolas y donde los cambios en las condiciones climáticas pueden tener impacto directo en los resultados económicos de los productores.




