La admisión llega en un momento de creciente debate sobre el rumbo de la guerra con Irán. Estados Unidos e Israel iniciaron el pasado 28 de febrero una ofensiva militar conjunta contra la República Islámica que, hasta el momento, no consiguió el objetivo de provocar la caída del régimen iraní. La prolongación del conflicto generó algunas discrepancias estratégicas entre ambos históricos aliados.
Desde hace meses, Trump apuesta por alcanzar un acuerdo con Teherán que permita poner fin a una guerra que perdió apoyo entre sectores del electorado estadounidense. Netanyahu, por el contrario, observa con preocupación la posibilidad de un entendimiento entre Washington e Irán, al considerar que podría fortalecer a la principal amenaza regional para Israel.
Pese a las diferencias, la relación entre ambos dirigentes se mantuvo estrecha. Trump elogió en reiteradas ocasiones a Netanyahu, a quien definió como “un primer ministro de tiempos de guerra”. Sin embargo, también trascendieron momentos de tensión.
El mandatario estadounidense reconoció recientemente que durante una conversación telefónica mantenida en junio llegó a calificar a Netanyahu como “jodidamente loco”, en medio de desacuerdos por los ataques israelíes contra objetivos en Líbano.