Estados Unidos y Arabia Saudita firmaron un acuerdo de cooperación nuclear que permitirá al reino desarrollar un programa de energía nuclear con fines civiles, en una decisión que abrió un fuerte debate internacional por sus posibles implicancias estratégicas. El convenio, conocido como "Acuerdo 123", aún debe ser revisado por el Congreso estadounidense antes de entrar en vigor.
El aspecto más controvertido del pacto es que permitiría a Arabia Saudita avanzar en el enriquecimiento de uranio dentro de su territorio. Si bien esta tecnología puede utilizarse para generar combustible destinado a centrales nucleares, también constituye un paso clave para la fabricación de armas nucleares, lo que despertó inquietud entre expertos y legisladores.
Desde la administración de Donald Trump sostienen que el programa tendrá exclusivamente fines pacíficos y estará sujeto a mecanismos de supervisión y normas de no proliferación. Además, el acuerdo abre un importante mercado para empresas estadounidenses, que participarán en la construcción de reactores e infraestructura nuclear en Arabia Saudita.
La firma del convenio se produce en un contexto de elevada tensión en Medio Oriente, marcado por la disputa entre Arabia Saudita e Irán y por los recientes enfrentamientos vinculados al programa nuclear iraní. Analistas consideran que el nuevo escenario podría modificar el equilibrio estratégico de la región y alentar una mayor competencia en materia nuclear.
En Washington, varios legisladores demócratas expresaron su rechazo al acuerdo por considerar que incrementa el riesgo de proliferación nuclear. No obstante, la mayoría republicana en el Congreso podría facilitar su aprobación en las próximas semanas.
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