La madrugada del sábado se convirtió en una pesadilla para la familia Aguilera. Un Volkswagen Gol Country estacionado frente a la vivienda fue incendiado tras la explosión provocada por una botella con combustible arrojada en su interior. En un primer momento, los dueños pensaron que se trataba de un accidente, pero al amanecer descubrieron vainas servidas en la calle y cinco impactos de bala en la fachada de la casa.
El peritaje policial confirmó que los disparos fueron realizados con una pistola calibre 9 milímetros, un arma de uso reglamentario en las fuerzas de seguridad. Uno de los proyectiles atravesó la pared e ingresó al dormitorio donde dormía un niño de 9 años, deteniéndose a apenas 20 centímetros de su cama. “Una bala pasó a centímetros de mi nieto”, relató Aguilera, visiblemente conmocionado.
El humo del vehículo incendiado casi provoca la asfixia de los menores y de la exesposa del denunciante, quienes dormían en la vivienda. Según Aguilera, fueron los vecinos quienes, al advertir el fuego, comenzaron a arrojar piedras contra la casa para despertar a la familia y llamar a los bomberos. “Si no actuaban, esto iba a ser una masacre por falta de oxígeno”, advirtió.
El comerciante aseguró no tener deudas ni enemigos, aunque sospecha que el ataque podría estar vinculado a su actividad como remisero, ya que realiza traslados frecuentes hacia hospitales de Santo Tomé y Paso de los Libres. “Estamos asustados y desesperados, de noche no podemos dormir tranquilos”, expresó, al tiempo que reclamó custodia policial para su familia. Sin embargo, denunció que la comisaría le respondió que “hay que esperar”, y hasta el momento no recibió protección.
La investigación enfrenta obstáculos: algunos vecinos se negaron a entregar las grabaciones de las cámaras de seguridad, lo que dificulta la identificación de los responsables. Mientras tanto, la familia Aguilera permanece en estado de alerta, temiendo nuevos ataques y exigiendo respuestas de la Justicia y la Policía.

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