El entrevistador quiso saber si, después de tantas intervenciones, Guido estaba conforme con el resultado. Süller fue sincero: “Sí, pero mi nariz original era superior a esta toda la vida. Lloré un año seguido. Yo soñaba que era un sueño mi cirugía y me levantaba a ir al baño a lavarme la cara, los dientes, y me miraba... y no era yo. Como cuando decís: ‘No, no soy yo, por favor, quiero mi nariz’”. De esta manera, el mediático no solo expuso las presiones y exigencias del ambiente artístico, sino también la vulnerabilidad que puede esconderse detrás de una búsqueda de aceptación y pertenencia.
Cabe recordar que la relación entre y Ricardo Fort se desarrolló cuando el empresario tenía apenas 19 años, a fines de la década de 1980. Aunque el vínculo fue intenso, ambos terminaron tomando caminos separados, abriéndose paso en el mundo del espectáculo por sendas muy diferentes. Fort, con su estilo inconfundible, se convirtió en un personaje de culto; Süller, por su parte, apostó por la autenticidad y la exposición constante, incluso cuando implicaba hablar de sus inseguridades y decisiones más personales.
El testimonio de Süller se suma a la larga lista de historias sobre las exigencias de la imagen en el ambiente artístico y el impacto emocional de las decisiones tomadas bajo presión. Su relato funciona como una advertencia y como una invitación a pensar en la importancia de aceptarse a uno mismo, más allá de los mandatos y las miradas ajenas. Y, sobre todo, deja en claro que, detrás de cada transformación, hay una historia de búsqueda, aprendizaje y, a veces, de reconciliación con el propio reflejo.