En esa noche, Macri llegó junto a Lola Teuly con la naturalidad de quien ya no tiene nada que esconder. El romance había sido confirmado semanas antes a través de un mensaje que el propio expresidente le mandó al conductor Ángel de Brito —"nos estamos conociendo, todo muy lindo"—, pero una cosa es la confirmación por mensajería y otra es aparecer juntos ante una mesa de amigos y conocidos que en pocas horas van a comentar lo que vieron. El blanqueo social es siempre más contundente que el mediático, porque es el que construye el relato en los círculos donde Macri habita y le importa habitar.
Lola Teuly tiene 46 años, veintiuno menos que el expresidente, y un perfil que contrasta deliberadamente con la exposición a la que Macri la somete solo con aparecer a su lado. Empresaria del rubro decoración —en diciembre de 2025 lanzó Qi Rugs, su marca de alfombras—, madre de tres hijos, discreta en redes sociales hasta el punto de tener poco más de mil seguidores en Instagram, Teuly no es una desconocida para el círculo del expresidente: lo conoce desde hace más de veinticinco años, cuando asistió al casamiento del padre de ella siendo Macri todavía un hombre casado con Bettina Menditeguy. El reencuentro que encendió la chispa fue en marzo pasado, en el cumpleaños del también RRPP Leo Mateu, celebrado en MARO sobre la Costanera. De ahí al viaje de cuatro días a París hubo pocas semanas. La relación se formalizó a la velocidad que se le conoce a Macri cuando algo lo entusiasma.
La separación de Juliana Awada, confirmada a mediados de enero de 2026 después de quince años de relación y un matrimonio que incluyó la presidencia de la Nación, todavía resuena en el ambiente. Quienes frecuentan el entorno del expresidente describían el distanciamiento como un desgaste silencioso acumulado durante 2024, agravado por la agenda internacional de Macri en la FIFA y la distancia que eso generó. La pareja eligió pasar juntos la última Navidad antes de hacer pública la ruptura. Cuatro meses después, Macri llegaba a Don Julio con Lola del brazo.
La noche tuvo su propia coda de socialité. Entre los presentes estaba Concepción Cochrane Blaquier, la diseñadora y figura del jet set internacional que es hija de Dolores Blaquier y del empresario brasileño Lair Cochrane, amiga íntima de los Casiraghi de Mónaco y una de las caras más reconocibles de la alta sociedad argentina cuando se mezcla con la europea. Cochrane Blaquier es exactamente el tipo de presencia que le da a una velada su certificado de pertenencia al mundo correcto: su foto con Lola Teuly, tomada esa noche, fue la imagen que terminó de instalar a la nueva novia de Macri en el circuito que importa. No hace falta ninguna presentación institucional cuando Concepción te da el abrazo frente a la cámara. Eso vale más que un perfil en revista.
Lo que ocurrió en Don Julio condensa una lógica que Macri nunca abandonó, ni siquiera en sus períodos de mayor exposición política: la vida social y la vida pública se gestionan con las mismas herramientas, en los mismos escenarios, con los mismos intermediarios. Gaby Álvarez, que ha organizado eventos para figuras que van desde estrellas del espectáculo hasta empresarios de primer nivel, sabe que una cena bien armada puede hacer lo que ninguna declaración oficial logra: naturalizar, integrar, presentar. Lola Teuly fue presentada esa noche. Y Don Julio, con su provoleta estacionada y su lista de espera de semanas, fue el altar laico donde el nuevo capítulo sentimental del expresidente recibió su bendición social.