Olivares también contó cómo fue adaptarse a una función distinta a la que realizaba anteriormente en el municipio. “Me costó al principio adaptarme porque fue un cambio importante en el trato con los vecinos, ya que no es lo mismo sancionar que conversar con las personas, hacerles ver a veces cuando están equivocados”, explicó. Y agregó: “Hoy, después de siete años en Guardia Urbana, puedo decir que fue la decisión correcta”.
Por su parte, Evelyn Ríos, quien lleva casi 14 años en el área, resaltó el crecimiento y reconocimiento que fue ganando la dependencia con el paso del tiempo. “Siento que estuvimos bastante tiempo como no reconocidos, y últimamente eso está cambiando; comenzamos a ser más visibles, y eso emociona”, manifestó.
Además, valoró el perfil humano que caracteriza al trabajo diario del personal. “Orientamos a un turista, ayudamos a personas mayores, estamos cerca del vecino y de quienes nos visitan. Es un área que te hace aflorar actitudes para ayudar a otras personas”, señaló.
A dos décadas de su creación, Guardia Urbana llega a este aniversario reafirmando una tarea silenciosa pero constante, marcada por la presencia en la calle, el contacto directo con los vecinos y el desafío permanente de contribuir a una convivencia más ordenada y amigable en la ciudad.