El presidente Javier Milei atraviesa un momento de tensión dentro de su propio espacio político, marcado por diferencias estratégicas y señales de desgaste en el clima económico y social.
En los últimos días, un indicador clave encendió alarmas en la Casa Rosada: el Índice de Confianza del Consumidor registró una caída que lo ubicó en uno de los niveles más bajos de los últimos meses. Sin embargo, lejos de atribuirlo a la situación económica, el mandatario apuntó contra el periodismo y habló de una supuesta “cadena del desánimo” que influiría en la percepción social.
En paralelo, crecen las diferencias dentro del oficialismo. Un sector vinculado a dirigentes provenientes del PRO plantea que la política debe tener un rol más activo para apuntalar la economía, en contraste con el núcleo más cercano a Karina Milei, que prioriza una estrategia más cerrada en la toma de decisiones.
Las tensiones también se reflejan en la gestión diaria. El respaldo del Presidente al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, generó cuestionamientos internos, especialmente por el costo político de sostenerlo en medio de investigaciones judiciales por su patrimonio. A pesar de esto, el Gobierno apuesta a que el tema pierda relevancia con el paso de las semanas.
A este escenario se suma la puja de poder entre distintos sectores del oficialismo, que mantiene un clima de interna permanente. Dirigentes cercanos al Gobierno advierten sobre la necesidad de reducir los conflictos internos y evitar errores políticos que impacten en la imagen de la gestión.
Así, el Ejecutivo enfrenta un doble desafío: sostener la estabilidad económica mientras intenta ordenar su frente político, en un contexto donde crecen las señales de desgaste dentro de su propia coalición
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