“En Argentina existen frigoríficos habilitados para la faena de equinos, pero la normativa vigente no permite su comercialización en el mercado interno”.
Actualmente, tanto el Código Alimentario Argentino como el reglamento de inspección de productos de origen animal excluyen a la carne equina del circuito formal de consumo local. Sin embargo, su producción sí está permitida con fines de exportación, principalmente hacia la Unión Europea, además de países como China, Japón y Estados Unidos.
En ese marco, la aparición de una oferta local en Chubut genera incertidumbre. “No hay información oficial que indique un cambio en la normativa”, señaló Rébak, quien además consultó con colegas del ámbito sanitario sin encontrar confirmaciones sobre nuevas habilitaciones.
Características y valor nutricional
Más allá del debate legal, la carne equina presenta particularidades propias. Según explicó la especialista, tiene un mayor contenido de glucógeno, lo que le aporta un sabor levemente dulce y un color más intenso que la carne vacuna. Además, es magra y con bajo contenido graso.
“Cuando está procesada, es muy difícil distinguirla de otras carnes”, indicó. También destacó que posee proteínas de buena calidad y grasas consideradas saludables.
Barreras culturales y sanitarias
A pesar de sus utilidades nutricionales, su incorporación al consumo masivo en Argentina parece lejana. A las restricciones legales se suma un fuerte factor cultural: la relación histórica y afectiva con el caballo.
“En países como Italia, Francia o España es habitual, pero en Argentina hay una barrera cultural importante”, explicó Rébak.
En paralelo, existen exigencias sanitarias estrictas. La faena de equinos para consumo humano requiere controles específicos, como análisis de triquinosis, trazabilidad completa del animal y habilitaciones sanitarias correspondientes.
“Es difícil entender cómo podría avanzar una comercialización sin cumplir todos esos requisitos”, advirtió.
Un debate abierto
Mientras el emprendimiento asegura contar con permisos a nivel local, desde el sector técnico insisten en que cualquier avance debe ajustarse a la normativa nacional vigente.
Por ahora, la discusión sigue abierta y deja en evidencia una tensión entre lo legal, lo cultural y lo productivo en torno a un alimento que Argentina produce… pero no consume.