En esa línea, desde el sindicato advierten que, si la planta llega a cerrar, la marca podría desaparecer definitivamente del mercado local. Para evitar más despidos, los operarios aceptaron desde 2025 una reducción de la jornada laboral que golpeó fuerte sus bolsillos, ya que pasaron a cobrar entre $150.000 y $200.000 menos por quincena. Actualmente, la mayoría de los trabajadores percibe sueldos que rondan los $700.000, una cifra muy por debajo de la canasta básica tras los constantes recortes de horas.
El delegado regional de UTICRA, Gaspar Fugaracho, confirmó en diálogo con FM Fénix que la apertura de importaciones y la caída del consumo interno están golpeando con fuerza a la industria nacional del calzado. “La prioridad es conservar las fuentes de trabajo, pero hoy no vemos un panorama claro hacia adelante”, afirmó.
La postura de Topper
La compañía argumenta que esta situación se da producto de la caída de las ventas y al impacto de la apertura de importaciones. En esa línea, la competencia con productos provenientes de Asia -en particular- genera una disparidad de costos que complica la producción local.
A los problemas productivos y salariales se suma la versión de que Topper abrió un programa de retiros voluntarios que se pagarían en cuotas, lo que alimenta la incertidumbre entre los trabajadores.
Las implicancias de un eventual cierre son significativas para la región, dado que la economía del departamento de Río Chico está fuertemente vinculada a la actividad industrial del calzado. Pero también lo son para la marca en sí misma.