La guerra en el Golfo sumó un actor de peso en las últimas horas: China. En plena escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, el canciller chino, Wang Yi, mantuvo una conversación telefónica con su par iraní, Abbas Araqchi, y le transmitió el respaldo de Pekín a la defensa de la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de Teherán.
Se trata de la primera señal firme de apoyo del gigante asiático al régimen iraní desde el inicio de los ataques lanzados por Washington y Tel Aviv, en un conflicto que ya se expande por distintos puntos de Oriente Medio.
En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que la operación militar contra Irán todavía no alcanzó su punto máximo.
En una conversación telefónica con el periodista Jake Tapper, el mandatario sostuvo que “la gran oleada” de ataques aún está por llegar. “Los estamos arrasando. Tenemos el mejor ejército del mundo y lo estamos utilizando”, afirmó, y añadió que la ofensiva más contundente se desplegará “pronto”.
Consultado sobre la posible duración del conflicto, estimó que podría extenderse alrededor de un mes, aunque aseguró que la campaña militar avanza incluso más rápido de lo previsto.
Uno de los elementos que más inquietud generó en la Casa Blanca fueron los ataques de represalia iraníes contra países árabes vecinos como Qatar y Emiratos Árabes Unidos, tradicionalmente al margen de este tipo de enfrentamientos directos.
La reacción de Teherán también alcanzó objetivos en otras regiones, ampliando el radio del conflicto y elevando la tensión diplomática en el Golfo y Europa.
Con China entrando en escena como respaldo político de Irán y Estados Unidos anticipando una ofensiva mayor, el escenario internacional se torna cada vez más volátil, con el riesgo de que la confrontación escale hacia un conflicto de mayor alcance regional.


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