En mayo de 2024, en diálogo con Teleshow, Lorna recordó los inicios de su devoción. “En 1996, como coleccionaba revistas y cosas donde salía Susana, mi mamá me dijo: ‘¿Por qué no le escribís una carta contándole tu historia y que tu sueño es conocerla? Con tu nombre le va a dar curiosidad y la va a abrir´. Y eso hice”, relató Lorna, quien también confesó el pequeño error que casi arruina la misión: “No le anoté mi teléfono que, en ese entonces, era de línea”.
El destino, o la generosidad de Susana, hicieron el resto. Un mes después, Lorna recibió una carta firmada por la conductora con un número de teléfono. Tenía apenas 19 años cuando se animó a marcar el número con ilusión renovada: era de la secretaria de Susana, quien la invitó a presenciar el programa. “Ese encuentro fue increíble. Ella me dijo: ´¿Cómo te iba a llamar si no me pusiste tu teléfono?´”, recordó. El vínculo, sin embargo, no terminó ahí. “Después no la vi más hasta el año 1999 que, por sugerencia de mi mamá, la esperé en la puerta de su casa. Cuando Susana salió me preguntó si era ‘la chica de la computadora’, porque en ese momento ella tenía una página web y de 100 mensajes que le llegaban, 99 eran míos”, contó entre risas. A partir de entonces, Lorna empezó a hacer guardia en su casa para verla cada 15 días, hasta que Susana se fue a vivir afuera. “Desde ese entonces, nos vemos al menos una vez por año. Ni la pandemia pudo evitarlo gracias a su generosidad, que quiso recibirme aún en el 2020″, remarcó.
El lazo entre Susana y sus seguidores, ya sea un fan anónimo en España que decide llevar su rostro en la piel, o una seguidora incansable como Lorna, es un reflejo del impacto y el cariño genuino que la conductora supo cosechar a lo largo de su carrera. Cada gesto, cada encuentro inesperado, cada muestra de admiración, alimentan el mito de una figura que ya es parte de la cultura popular argentina.