El dólar registró su cuarta baja consecutiva y profundizó la tendencia descendente en lo que va de febrero. En el mercado mayorista retrocedió hasta los $1.408, mientras que en el Banco Nación cerró en $1.425 para la venta minorista. De esta manera, acumula una caída del 2,6% en el mes y del 3,4% en lo que va del año.
El movimiento responde a una combinación de factores locales e internacionales. Por un lado, crece la demanda de pesos ante el atractivo de las tasas en moneda local y de los bonos ajustados por inflación, en una estrategia conocida como “carry trade”, que aprovecha un dólar estable para obtener rendimientos en pesos.
Analistas señalan que también influye la mayor tranquilidad del mercado cambiario a partir de las compras sostenidas del Banco Central, que refuerzan las reservas y reducen expectativas de presión sobre el tipo de cambio. La autoridad monetaria acumula 27 ruedas consecutivas con saldo comprador y suma casi US$ 1.700 millones en lo que va del año.
En las primeras jornadas de febrero adquirió más de US$ 500 millones, con un promedio cercano a los US$ 76 millones diarios. Parte de esta oferta proviene de emisiones de deuda en moneda extranjera por parte de empresas y provincias, favorecidas por la baja del riesgo país. También el sector agroexportador incrementó su liquidación de divisas, incluso en un período donde estacionalmente suele ser menor.
En paralelo, el contexto internacional juega a favor. El dólar muestra cierta debilidad global frente a otras monedas, en medio de datos económicos más moderados en Estados Unidos. Esta situación impulsa la apreciación de monedas emergentes, incluido el peso argentino.
De cara a las próximas semanas, el mercado seguirá de cerca la licitación de deuda en pesos del Tesoro y el nivel de renovación de vencimientos, ya que de ello dependerá la cantidad de pesos en circulación y, en consecuencia, la presión sobre el tipo de cambio.
Especialistas consideran que la actual “pax cambiaria” podría extenderse durante febrero, aunque advierten que marzo podría presentar mayores desafíos, en un escenario donde las expectativas y la dinámica monetaria volverán a estar en el centro de la escena.


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